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Casa del uno

Un espacio para quien no teme recordar.

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Hola.

Desde niña supe que había algo más.
No una idea bonita, sino una presencia.
Algo detrás de lo visible que otros parecían no notar.
Eso no me hizo sentir especial.
Me hizo sentir sola.
Aprendí a callar lo que veía, lo que sentía,
hasta que la vida me obligó a escuchar.

La primera muerte​

​​

No fue un final.
Fue un despertar.

Tuve un accidente.
Dejé de respirar por un tiempo que, biológicamente, no tiene explicación.
Podemos llamarlo milagro.
Podemos llamarlo anomalía.
Yo lo llamo el momento en que recordé el juego.

Ahí, en ese límite, no vi túneles ni luces.
Vi la estructura.
Recordé que esto —la vida, el mundo, la materia—
es un campo de experiencia.
Un juego con reglas que podemos olvidar,
pero no romper.

Recordé que hay más,
y que ese “más” no está en otro lugar:
está incrustado en lo cotidiano,
esperando a que lo reconozcamos.

Nada en mi vida se compara con ese instante.
Fue la revelación.
La piedra angular de todo lo que vino después.​​​

​​

La segunda muerte​​

​​

Años más tarde, llegó la segunda.

No trajo nuevas visiones.
Solo susurró, con firmeza:

“Lo que viste es real.
No estás loca.
Sigue.”

Fue un refuerzo.
Un recordatorio grabado en el cuerpo.​

​​

La caída y la llave

Y entonces vino lo más difícil:
volver a vivir.

El peso de recordar,
de saber lo que sabía,
me llevó a tocar fondo.
No un fondo emocional.
Un fondo del alma.

Allí no hubo ángeles.
No hubo guías.
Hubo una llave.

Esa llave no me dio nada nuevo.
Me devolvió algo muy antiguo:
el recuerdo de la niña que siempre fui.

Ese recuerdo hoy tiene muchos nombres.
Algunos le llaman medicina.
Otros visión.
Yo le llamo verdad cruda.

Intenté olvidarla.
Construí un laberinto para esconderme de mí.
Me perdí en roles, historias, identidades prestadas.
Hasta que entendí que la única salida
era dejar de correr
y volver hacia la única puerta que siempre estuvo ahí:
mi propia conciencia.​

La Casa

Hoy esto no se trata de mí.
Se trata de la Casa.

La Casa del Uno no es un templo.
Es un campo base
para quienes están recorriendo su propio territorio salvaje.

No ofrezco respuestas mágicas.
No tengo un método infalible.
Ofrezco lo único que tengo:
testimonio vivo y compañía firme.

Si sientes que este mundo a veces parece un sueño demasiado real,
si has tocado tu fondo y necesitas saber que desde ahí solo se puede subir,
si estás cansad@ de teorías y necesitas hablar con alguien
que ha estado en el hoyo
y salió con las manos llenas de tierra y de verdad…

…entonces llegaste al lugar correcto.

​​​

Cierre​

Aquí se sostiene espacio.
Para respirar.
Para cuestionar.
Para recordar.
Para caminar sin hacerlo solo.

Porque el viaje no es hacia afuera.
Es hacia dentro.

Y a veces, la mejor brújula
es la voz de otra que también se perdió
y decidió dejar de huir.

Bienvenid@ a la Casa.
Aquí no hay máscaras.
No hay prisa.
No hay promesas vacías.
Solo hay lo real.

El camino es el Uno.
Y el camino es el Amor.

Contacto

Si llegaste aquí, no fue por casualidad.
La coincidencia no existe cuando el alma está lista para escuchar.

Este espacio no es para venderte nada.
Es para abrir una puerta.

Si algo de esta historia tocó algo en ti,
si sientes el llamado de recordar quién eres, puedes escribirme.

Estoy aquí.
Con presencia.
Con verdad.
Con los pies en la tierra.

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